LEBRIJA DIGITAL 05.03.07

Espectáculos: Cantando bajo las balas, estreno nacional

Tema: El palco

                                             Astray, Unamuno y el juego dialéctico en una España convulsa
                                            
Lola Gómez

Cantando bajo las balas, del dramaturgo Antonio Álamo, abrió el pasado viernes la temporada primaveral de teatro en el Juan Bernabé de Lebrija. Un estreno nacional que llenó medio aforo. La propuesta, dirigida por Álvaro Lavín y calificada por sus creadores de “necrófila”, recrea el enfrentamiento dialéctico que protagonizaron el 12 de octubre de 1936 el fundador de la Legión, Millán Astray, y el entonces rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno.

            Tras su paso por el Teatro Juan Bernabé con Yo Satán – la adaptación teatral de la novela Nata Soy – Antonio Álamo volvió el pasado viernes 23 a la Peña para poner sobre las tablas su última propuesta escénica, Cantando bajo las balas, que ensayaba su estreno nacional en Lebrija.

Sin duda, el espectáculo no dejó indiferente a nadie. Muchas de las personas que esperaron ansiosas la entrada en escena de Adolfo Fernández – quien tras Yo Satán vuelve a repetir trabajo bajo la dramaturgia de Álamo – habían vivido en primera persona los acontecimientos que la obra narra y en la que su autor ha dicho haberse sentido más que como un intérprete de la historia, “como un compilador” que ha sido “totalmente fiel” a los acontecimientos del 36.

Cantando bajo la balas es un espectáculo “necrófilo” que recrea el enfrentamiento dialéctico que protagonizaron el 12 de octubre de 1936 el fundador de la Legión, Millán Astray, y el entonces rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, en el paraninfo de dicha institución. Dos modos de ver el mundo que colisionaron entre sí, una vez puesta en marcha la maquinaria sangrienta y destructiva de la Guerra Civil. De este modo, ante los cánticos incesantes de los legionarios y el “¡Viva la muerte!” proclamado por Millán Astray, el controvertido Unamuno respondía “Venceréis, pero no convenceréis”.
La calidad interpretativa de Adolfo Fernández

Adolfo Fernández pone en pie a un Millán Astray casi esperpéntico, un hombre herido y mutilado no sólo en lo físico, sino también en lo moral. Canta sin cesar, como buen legionario, al ritmo de las notas del piano de Mariano Marín, entre las que va tejiendo letras típicamente legionarias y canciones de Nick Cave. Nadie más que la música y seis muñecos (Miguel de Unamuno, Carmen Polo y otros asistentes al acto) colgados del techo acompañan a Fernández, quien da muestras sobradas de su experiencia en las tablas con un monólogo ininterrumpido que no parece secarle la boca.

Este monigote “genial y macabro” al que da vida Fernández hizo al intérprete, al final de la obra, salir varias veces de entre los bastidores para responder al aplauso constante de un público satisfecho y hasta agradecido, identificado quizás en el retrato de intolerancia que dibuja Cantando bajo las balas.