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Fábula
moral en la que dos visiones antagónicas de la existencia están frente
a frente a través de dos personajes simbólicos. UNO es la soledad, el
triunfo, la lucha denodada por la existencia de quienes han antepuesto
el éxito a la comunicación, a la realidad existencial. UNO es un trasunto
del Ciudadano Kane postrero que recuerda el nombre del trineo en el
que montaba de niño. DOS es la mesura, la contención, tal vez, el miedo
a escalar los bordes del abismo, tal vez el deseo insatisfecho por una
vida distinta. UNO es lo dionisíaco niestzscheano, la voluntad de poder,
el superhombre, la carencia de valores que se corporeiza en un individuo
ajeno a las emociones y a los sentimientos de aquellos que no le sirven
para su carrera hacia el éxito. DOS, por el contrario, es lo apolíneo,
el sometimiento a unos valores preestablecidos, la aceptación de unos
modelos de vida transmitidos por la cultura dominante. UNO y DOS se
enfrentan como dos símbolos y como dos formas antitéticas de ver el
mundo. Paradójicamente ambos se necesitan porque si la desmesura conduce
al abismo, a la perdición y al culto a la muerte, lo apolíneo sin la
carga vital de lo dionisíaco se agota en sí mismo, se esclerotiza, se
constriñe. UNO necesita a DOS para sobrevivir, para no desaparecer;
DOS necesita a UNO para recibir toda la vida a la que a veces no se
atreve a enfrentarse.
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